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Ay, Díos Mío Noticias

Ciento diez años después un libro desvela nuevos datos sobre el Crimen de Cuenca

Nota de Prensa realizada y distribuida por El Tomanotas, publicada por Mundiario, El Día Digital, Quijote Digital, Información Cuenca, El Diario Conquense, El Liberal de Castilla, El Deporte Conquense, El Diario de Alicante, Somos Castilla-La Mancha, Cuenca News, Ocio Cuenca, La Voz de Tomelloso, La Comarca de Puertollano, En Tomelloso, Todo Literatura.

Ficha dactilográfica de José María Grimaldos

El libro “Ay, Dios Mío. ¿El Crimen de Cuenca?” (Universo de Letras, 2019) del profesor de Derecho Penal de la Universidad de Castilla-La Mancha, Fco. Javier de León V., desempolva la documentación original del caso para, con el rigor de un ensayo y la amenidad de una novela, trasladarnos al mundo rural de principios del siglo XX. Una sociedad sin letras y con mucha hambre en la que la Justicia todavía era impartida siguiendo los parámetros del siglo anterior y en la que no era habitual la presencia de abogados defensores durante la elaboración del sumario.

Un libro que va aumentando de ritmo y de interés conforme avanza la historia escrito de tal manera que nos transporta de una manera casi vívida a esa España en la que ser señalado con el dedo podía convertirse en el comienzo de una cacería que, en el caso de León y Gregorio se convertiría en casi veinte años de penurias, torturas y cárcel sin ningún tipo de prueba en su contra. 

El mal conocido como Crimen de Cuenca, al que debería llamarse caso Grimaldos, que un día de finales de agosto decidió marcharse a conocer mundo y desaparecer sin dejar señales, originó el calvario de dos inocentes acusados de su desaparición. Un hecho que la casualidad quiso poner en Belmonte y Osa de la Vega, pero que no fue un caso aislado en la España de la época, sino que era un mal que se sufría por todo el territorio español.  Retratando una manera de entender la Justicia, el autor ha recreado con gran destreza el caso para que el lector pueda sentir en su piel todos los padecimientos que se podían llegar a sufrir. 

En esta obra, que ya se encuentra a la venta en librerías y plataformas online, el autor desvela datos inéditos hasta el momento de un proceso que permaneció casi desconocido hasta que la prensa de mediados de los veinte lo convierte en ariete contra el gobierno de la época, pasando a ser uno de los casos más mediáticos de la historia del crimen en España y recurrente a lo largo de la historia. 

La historia que contó Pilar Miró en 1981 o el reciente documental “Regresa El Cepa”, dirigido por Víctor Matellano, se entenderán mucho mejor a través del minucioso análisis realizado en  este nuevo libro que nos transporta con todo lujo de detalles a esa época en la que los atavismos, el hambre, el odio entre pueblos, el analfabetismo y la miseria eran una constante que subyugaba la vida de las personas en el ámbito rural.

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Regresa el Cepa, a Málaga

            Hace ahora noventa y tres años que José María Grimaldos, El Cepa, regresaba a Osa de la Vega tras un largo barrunto que, durante casi 16 años, le llevó a recorrer tierras manchegas y valencianas. Y con su vuelta desató una tormenta de la que todavía nos estamos recuperando. Tan intensa fue que consiguió poner en jaque un sistema de justicia vetusto y un régimen político quebrado, por no encontrar su lugar. Políticos, jueces, alcaldes, curas, médicos, guardias civiles, labradores, pastores, una sociedad entera pudo hacerse eco del grave error cometido al castigar a dos infelices por una muerte inexistente. En el entreacto, la prisión, el desprecio, la ruindad de una sociedad apegada a viejas costumbres y encerrada en su propio mundo.

            El Cepa volvió a llenar planas de periódicos y a convertirse en el centro de una España políticamente inestable, con una justicia democrática recién nacida que tenía miedo a mirar hacia fuera. Hay quien puede pensar que el año 1981 no era el año propicio para el estreno de la película “El Crimen de Cuenca”, dirigida por Pilar Miró. Por el contrario, creo que fue el contexto idóneo que permitió denunciar el grave estancamiento de la España de la Transición, en un contexto plagado de miedos a las reacciones militares, y un gobierno débil frente a los que verdaderamente seguían ostentado el poder y una justicia [todavía] por hacer. El precio fue alto, muy alto, especialmente para Miró, pero quedó en evidencia el laberinto de un país que todavía estaba anclado en las formas y en los fondos de principios del siglo, pero quería volar. Habían pasado sesenta años desde que el pastor desapareció de Osa de la vega y los problemas eran los mismos, agravados por una Dictadura ciega y cruenta con los perdedores.

            Pues bien, el pasado martes, día 19, El Cepa volvió de nuevo a ser el protagonista y centro de atención de muchas inteligencias, de recelos, de odios y a buen seguro de algún miedo.  Se estrenaba en el Festival de Málaga el documental largometraje “Regresa El Cepa”, en el que Víctor Matellanos, el director, revisa las peripecias del rodaje de la película “El crimen de Cuenca”. Y, por tercera vez, El Cepa nos hizo revivir una forma de vida y una sociedad para unos olvidada y para otros tatuada en la piel a fuego.

            Camino del Auditorio Museo Pablo Picasso, en el que fue el estreno, mi cabeza daba muchas vueltas, tenía ganas de ver lo que tanto había imaginado. Pensaba en León y Gregorio, y en El Cepa, los grandes protagonistas de la historia, pero también en el juez Isasa, en el cacique y diputado Contreras, en el cura de Tresjuncos, en las gentes de la Osa, ¿qué pensarían de la fama otorgada al suceso ocurrido hace más de una centuria? Después de años de investigación sobre el suceso, no he podido disipar la incertidumbre de por qué ocurrió lo que ocurrió.

            Pero también pensaba en Pilar Miró, en la jurisdicción militar, en los guardias civiles, en los políticos, en la Transición… Y sigo indagando en el por qué, intentando encontrar una lógica, una razón que explique cómo puede ser que decisiones personales cargadas de miedos e ideologías, o más bien de ideologías malsanas que conducen a un miedo perpetuo al cambio, pueden llegar a trastocar la vida de tantos inocentes y llevarlos a un infinito sufrimiento.

            A pesar de estas disquisiciones, disfruté del magnífico documental. Creo que Matellanos ha hecho un gran trabajo con una historia que no es nada sencilla de contar. Tanto el suceso como su secuela rezuman complejidad por todos sus costados. Ni lo fue el caso de la desaparición de José María Grimaldos en el que se basa la película ni tampoco el rodaje y estreno de “El crimen de Cuenca”. Pero el contar con Guillermo Montesinos a modo de narrador, que en su momento se metió en el pellejo de El Cepa, y muchos de los que, por unas razones o por otras, tuvieron algo que ver con la película de Miró, hace que el recorrido por la historia que hace el documental se lleve a cabo de forma vertiginosa, hasta casi revivir los hechos iniciales.

            Son muchas las reflexiones y niveles de lectura que me sugiere el documental y, aunque no resulta pertinente desvelar su contenido, no puedo evitar apuntar a las intervenciones de Lola Salvador y Juan Antonio Porto sobre las distintas versiones del guion, que dejan entrever que las aguas venían ya revueltas desde el primer momento de su  diseño, o la de aquellos otros que describen la complejidad de la personalidad de Miró, que no parece que tuviera una especial conexión con el suceso, pero finalmente lo hizo suyo, y bien suyo. Evocador es el plano en el que los actores que interpretaron a León Sánchez y Gregorio Valero se sientan uno enfrente del otro, mirándose como alguna vez debieron hacerlo estos, desbrozando responsabilidad, o quizás una complicidad aciaga; el tratamiento de las torturas, otro de los protagonistas del suceso, reviviendo una de las escenas más crueles y las peculiaridades que rodearon su filmación, que no dejó impávido a nadie.

            Con “El crimen de Cuenca”, Pilar Miró nos acercó a la historia del caso Grimaldos, y ahora, el documental de Matellanos nos da algunas claves para entender la película que Alfredo Matas, el productor, quería convertir en el “Expreso de medianoche” a la española. Que se consiguiera o no, que lo juzgue cada uno. Pero desde luego lo que está claro es que, en esa España de principios de siglo, un expreso que venía de tiempo atrás cruzó La Mancha en una noche oscura arrancando a León y Gregorio de sus hogares y llevándolos a un destino de dolor y sufrimiento.

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«Regresa el Cepa» estará en el Festival de Cine de Málaga

El próximo día 19 de marzo, se proyectará en el Festival de Cine de Málaga la película documental Regresa el Cepa, dirigido por Víctor Matellano. A través de una serie de entrevistas a muchos de los protagonistas de la película dirigida por Pilar Miró, El Crimen de Cuenca (estrenada finalmente en 1981), el documental nos traslada a la España de hace cuarenta años, en plena Transición, y a la problemática surgida entorno a su proyección, que a punto estuvo de llevar a su directora a prisión. El motivo no fue otro que la denuncia expresa que hacía la película de las torturas sufridas por los protagonistas del suceso ocurrido en Belmonte en 1910, sobre el que muy pronto publicaré un libro relatando al detalle el barrunto del Cepa.

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¿Por qué este libro?

Pronto hará diez años que comencé la búsqueda de documentación sobre el conocido Crimen de Cuenca. Dedicado al estudio del tratamiento del Crimen, y profesando en la mentada ciudad, los espíritus de ilustres conquenses me empujaban desde el mas allá para que de alguna forma aclarara el entuerto de un muerto, matado, enterrado y bien revivido, y del penar de unos pobres hombres por aquella causa que siempre se llamó Error. Error de la Justicia, Error de las gentes que habitaban aquella olvidada zona de La Mancha… Que si la Guardia Civil, que si los tiempos, que si esto, que si aquéllo… Eran muchos los pensamientos y más todavía las dudas y preguntas que me surgían sobre un suceso que marcó una época de nuestra historia reciente y una forma de hacer justicia. Así que me puse al tajo.

Guerras, hambre, revueltas sociales y políticas, caciques, más hambre, Leyes antiguas, procedimientos aún más antiguos, usos y costumbres malas, muy malas, más caciques, la incultura, la incomunicación de los pueblos, mucha más hambre, las grandes diferencias sociales… Todos son factores presentes en el momento del suceso y cada uno jugó su papel en el desarrollo de un crimen, que no siendo tal, entretuvo a la justicia un poco más de un cuarto de siglo, con varios procedimientos judiciales, comisiones visitadoras, jueces especiales, algún que otro espíritu inspirando las letras de Ramón J. Sender, y hasta gorrinas gordas y burros rucios. Todos tuvieron su parte de protagonismo en un suceso que, a mi juicio, constituye el primer gran caso mediático del siglo XX, que generó una corriente de opinión entre las gentes de la época, que primero convirtió a León y a Gregorio en reos y mártires de odios y desprecios y después los alzó hasta el pódium de los héroes. Y en el entremedio, determinó una sentencia que sumió a los dos protagonistas en lo más profundo del infierno durante muchos años.

Es el Crimen de Cuenca una verdadera enciclopedia de saberes, donde los conocimientos de la época en que se ubica, las formas de proceder de las Justicias, en su concepción más amplia, y el contexto socio-político nos explican claramente el porqué y el cómo de lo ocurrido, conformando un epítome de sapiencias cuyo conocimiento y estudio permiten entender, en gran medida, muchos de los problemas sociales actuales, los problemas a los que se enfrenta la justicia y los entresijos de una política que, trascurridos más de cien años, se sigue ejerciendo en los mismos términos. Sí, mis queridos lectores, transcurrida una centuria no hemos aprendido de nuestros errores y seguimos cometiendo los mismos yerros.

Y claro, según se iba desarrollando la investigación, me fui dando cuenta de que el Crimen de todos los Crímenes no lo era tal. En todos los sitios cuecen habas, y poco a poco pude acercarme a otros que a lo largo y ancho de nuestra patria acumulaban similares características, demostrando que Cuenca no era la única capital del crimen. Resulta que fueron muchos los yerros de los Tribunales de Justicia y que el delito era el pan de cada día para un número ingente de nuestros compatriotas. Y muchos los casos que cada día llenaban decenas de planas de revistas y periódicos en un desfile de pícaros, matones, asesinaores, pistoleros, ladrones, estraperlistas, envenenadoras, anarquistas, terroristas, y más, muchos más. Terminada la investigación, que muy pronto tendrá forma de libro, mostrar esa España es la razón del blog. Y no otra, que nadie piense mal, que me he propuesto acercar la noticia criminis de algunos de los delitos más conocidos del primer tercio del siglo XX, y a través de ellos, proponer otra forma de entender un pedazo de nuestra historia.